A ti también te ha pasado… y lo sabes

No sabemos lo que pasa en las mañanas de los días de boda, pero siempre se acaban convirtiendo en una locura, igual no tanto para la novia y el novio si cuentan con la inestimable ayuda de una wedding planner, pero sí para las invitadas.

Te levantas temprano para acudir a tu cita en tu peluquería, de la que por alguna extraña razón sales media hora más tarde de lo previsto, lo que supone un aumento progresivo de los nervios. Llegas a casa corriendo y con ganas de darte la segunda ducha del día, pero no puedes porque el autobús que sale dirección a la ceremonia no te va a esperar. Por fin consigues salir de casa, pero con el tiempo tan justo que pierdes el autobús. Sí, además ninguno de tus amigos se ha dado cuenta y, por supuesto, nadie coge el teléfono. Menos mal que un taxi siempre es un buen aliado para estos casos.

Es aquí cuando llega el momento crisis: pero, ¿dónde era la ceremonia? Durante los últimos días te habías concentrado en saber lugar y hora de la recogida de los autobuses, pero no en localizar esa ermita que tanto les gustó a los novios y en la que nunca has estado. Bueno, el taxista sabrá dónde es, piensas. Así que le indicas al conductor el nombre de la ermita y el del pueblo en el que está ubicada y hacia allá te diriges. Una vez allí, parece que has llegado a tiempo porque, a pesar de que todos los invitados están sentados dentro, la novia sigue en el interior del coche, ¡qué suerte! Entras cual rayo y te sientas en el último banco feliz por haber llegado. Miras alrededor buscando al resto de tus amigos, pero no reconoces a ninguno, esto sí que es raro. ¿Pero dónde se han metido? Y el novio, sí que está diferente… ¿Cómo? ¡Pero si no es el novio de tu amiga! ¡Horror! ¡Te has equivocado de boda!

[Imagen: Mick Habgood]

Menos mal que el taxista se ha encontrado con un conocido y está hablando con él en la entrada de la ermita. ¡La boda no es en la ermita, es en la iglesia del pueblo! Bueno, aunque llegas con la ceremonia iniciada, haces tu entrada en el momento justo para leer esas emotivas palabras que llevas preparando un mes. Buscas la chuleta con el guion de tu discurso y, de pronto, te das cuenta de que a última hora has decidido cambiar de bolso porque este te va mejor con el vestido rojo que estrenas. No te queda otra que improvisar. Respiras profundo y las palabras van llegando a tu cabeza… Tranquilidad, te sabes el discurso prácticamente de memoria. Bajas del altar más calmada: todo ha salido mejor de lo esperado y todo el mundo se ha reído con tus palabras cómplices hacia los novios; no en vano, tú y la novia sois amigas desde el colegio.

Bueno, después de este accidentado inicio del día, ya va siendo hora de tomar un aperitivo: ahora sí, te montas con el resto de invitados en el autobús y el chófer pone dirección a Jardín de Barretaguren. Unos minutos para descansar y reponerse de los nervios, que no han sido pocos y, después, a seguir con la celebración.

[Imagen: Nerea Moreno]

La entrada a Jardín de Barretaguren es espectacular, entre bambús, y las vistas son preciosas. Se escucha más de un “ohhhh”. Llegan los novios justo detrás del autobús y comienza la ronda de fotos mientras te tomas una bebida bien fresquita. La wedding planner de la boda nos llama: “cuadrilla de la novia, os toca foto”. ¡Arrghhhhhh! No te lo puedes creer: tu amiga María se ha comprado el mismo vestido que tú. Si hubiera sido otra invitada, podríais pasar un poco más desapercibidas, pero siendo del mismo grupo y sentadas en la misma mesa, no hay cómo salvarlo. ¡Y encima de rojo! Y ahora te acuerdas de aquel jumpsuite de color nude que te pareció demasiado discreto… En fin.

¿Crees que ya se ha acabado todo? ¡No! ¿Quién es ese que está sentado dos mesas más allá de la tuya? ¡Por supuesto, tu ex! Sí, el mismo. Y, además, está muy acaramelado con una invitada, la cual parece ser que es la prima del novio, según te está chivando justo en este momento tu amiga María…

“Hoy la ley de Murphy está que se sale”, piensas, pero pones la mente en blanco, coges una copa de cava y decides que nada ni nadie te va a fastidiar la fiesta. ¡Eso es! ¡Toca disfrutar y brindar por la felicidad de tu amiga y de su ya flamante marido! ¡Vivan los novios!

Jardín de Barretaguren

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