Las bodas de los 70

¿Cómo fueron las bodas de nuestros padres? ¿Cuáles eran las tradiciones en la década de los 70? ¿Qué se comía en los banquetes y qué se regalaba a los recién casados? Para resolver todas estas dudas, hemos recabado información sobre la boda de 3 parejas muy cercanas a nosotros y este es el resultado.

Organizar una boda en 15 días es posible.

¿Para qué esperar más? Esto debieron de pensar S&P, nuestros primeros recién casados de los 70. Era un 15 de julio de 1975 cuando decidieron casarse y fue el 01 de agosto cuando se celebró el enlace (hemos de decir que la madre de la novia se quedó un tanto preocupada y no acababa de estar tranquila mirando al que ya era el marido de su hija).

¿Y cómo se consigue organizar una boda en tan poco tiempo? Pues haciendo una celebración bastante hippy: el novio era conocido del padre de Don Juan Ángel Belda, cura progresista bilbaino que fue obispo de Jaca y de León, y fue este quien ofició la ceremonia en la iglesia del colegio Jesús María de Artxanda. El vestido de la novia, un precioso vestido blanco de escote en uve adornado con un lazo verde a la cintura. El novio, vestido con el tradicional kaiku azul marino.

Después, como el dueño del restaurante Antón de Artxanda era medio familia, consiguieron sitio para los 90 invitados. Qué comieron en el banquete nupcial es una incógnita, pero sí recuerdan perfectamente que no pararon de cantar y beber… Cuanto más cantaban, más sed tenían y más bebían, así que la bajada de Artxanda a Bilbao les vino bien para despejar cuerpo y mente.

Si pensáis que el viaje de novios sería algo más estándar, sentimos comunicaros que no fue así: el gobierno español de la época no les otorgó los pasaportes para poder salir de España hasta el día anterior a la boda y es que, entre otros obsequios, les regalaron una estancia en un hotel de lujo en Biarritz. Como nuestra pareja no se sentía muy reflejada con ese estilo, decidieron pasar allí sólo 2 noches y, luego, ir a la aventura. Así, tras salir de Biarritz, se fueron a conocer Iparralde, parando en todos y cada uno de los pueblos en los que hubiera un frontón y un trinquete que mereciera la pena ver. ¿Se pondrían a jugar a pelota en alguno de ellos? Que sepamos, no hay constancia gráfica del momento, si es que existió.

Pero, ¿qué recibieron de regalos de boda? Debía ser que nuestros novios eran un tanto dormilones, porque  de lo que más se acuerdan es de que les regalaron nada más y nada menos que 3 despertadores. ¡Rinnnnngggggg!

La boda de un gernikés y de una atxuritarra

Ser de Gernika imprime carácter. Y ser de Atxuri también. Por eso, la boda de A&JA, nuestros siguientes protagonistas, fue de preparación lenta. Aunque si somos del todo fieles a la historia, también lo fue porque el novio era marino (marino mercante de los de antes, de los que se pasaban meses y meses fuera de casa) y aprovecharon un permiso para casarse. La casualidad quiso que fijaran la fecha de la boda el día que el novio cumplía 41 años: el 04 de agosto de 1970.

El vestido de la novia, siempre caracterizada por su modernidad, fue elaborado a mano por la sastra que confeccionaba los vestidos a las mujeres de la familia: era un vestido de color amarillo palo, de cuerpo entero de encaje y minifaldero que acompañó con una gran pamela, guantes y zapatos de tacón cuadrado. De joyas, unos preciosos pendientes de perla blanca y un collar a juego. Como ramo de novia, una cala blanca.

El traje del novio, un traje gris confeccionado a medida para la ocasión, camisa blanca acompañada de una corbata azul de lunares y el perceptivo pañuelo blanco en la solapa.

La ceremonia tuvo lugar en la Basílica de Begoña, celebrándola el mismo cura que 25 años después también ofició sus bodas de plata y sin faltar una sobrina de la novia como responsable de llevar las arras y anillos. El posterior convite fue en el mítico restaurante Lasa del mismo barrio de Bilbao y a él asistieron la familia más allegada y un grupo muy reducido de amigos íntimos, siendo en total unos 25 invitados los que pudieron degustar el menú clásico del lugar: entremeses compuestos de espárragos y los famosos fritos del Lasa, solomillo, bacalao y tarta nupcial. Y todo ello regado con buen vino tinto y champagne (¿sería Agua de Bilbao?).

El viaje de novios, como no podía ser de otra forma, fue en un SEAT 600 con el que se recorrieron parte de la cornisa cantábrica, visitando la Virgen de Covadonga y los lagos, La Coruña y Vigo. Conociendo los gustos culinarios de los recién casados, no dejaron plato de marisco y de pescado al horno sin probar.

La novia, hija de costurera, aportó como regalo de recién casada el tradicional ajuar compuesto por toallas y sábanas de fino hilo todas ellas bordadas con esmero. Hemos de decir que gran parte de este ajuar continúa existiendo y sigue en uso. ¡Eso sí que eran telas de calidad!

Una boda en la capilla familiar

Nuestra última pareja se casó el 03 de julio de 1971 en Orozko. La familia de la novia era propietaria de una casona en dicho municipio y P&N decidieron celebrar el enlace en su capilla, construida por el abuelo de la novia en el año 1910.

Para el convite, que fue cena, despejaron de muebles toda la planta baja y dispusieron de mesas y sillas para dar cabida a los casi 200 invitados (¡sí, 200 invitados!). La pena fue que ese día salió un tanto nublado y lluvioso y casi no pudieron disfrutar del jardín diseñado, en la época del abuelo de la novia, por un paisajista inglés.

El menú del banquete se compuso de dos entrantes (timbal de langostinos y ensaladilla), dos platos principales, carne y pescado (salmón) y una desafiante tarta nupcial de postre. Para beber y como manda la tradición de Orozko, garrafas de vino: cada familia tiene su propia receta secreta, siempre compuesta por vino granizado junto con otros ingredientes que, en este caso y para preservar el secreto, no podemos desvelar.

El viaje de novios fue a Galicia, a la preciosa villa de Baiona, pasando después a Portugal y visitando la ciudad amurallada de Zamora a la vuelta.

¿Tuvieron regalos de boda? Sí, y bastantes teniendo en cuenta la cantidad de invitados. El que más les impactó, no obstante, fue el que les hizo un tío soltero de la novia: ¡les obsequió con 100.000 pesetas!, una verdadera fortuna para aquella época.

Tres bodas en la década de los ’70, tres estilos diferentes para darse el “sí, ¡quiero!” y una cosa en común: ¡el amor! ¡Vivan los novios!

Jardín de Barretaguren

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